De la relación de la Filosofía con las otras ciencias, especialmente con la Teología

CAPITULO III
De la relación de la Filosofía con las otras ciencias, especialmente con la Teología
28. En épocas primitivas, como ya está claro por lo dicho anteriormente, no se estudiaba sino una sola ciencia en filosofía, dividida en varias partes. No podía por tanto darse ningún problema acerca de la distribución y relación entre la filosofía y las otras ciencias.
Pero en tiempos más recientes este problema es planteado con razón por todos, si se exceptúan los positivistas, ya que aquella distinción está fácilmente patente por razón del objeto formal “quod” o el objeto formal ”quo” de ambas disciplinas. Por lo cual, vamos a hablar en primer lugar de la relación entre la filosofía y las restantes ciencias humanas.
29. Así pues, la Filosofía es la primera entre todas las ciencias humanas, ya porque las ciencias se especifican por su objeto formal, y el objeto formal de la Filosofía, las últimas y las más altas causas de las cesas, excede en mucho al objeto formal de las otras ciencias, esto es, a las explicaciones y motivos próximos de algunas cosas, ya porque ella misma es el fundamento y la cumbre de todas las ciencias.
Fundamento, porque la Filosofía ofrece a las ciencias todos sus presupuestos totalmente fundamentales, v. g., la naturaleza de la capacidad cognoscitiva, las leyes lógicas por las que ella misma se rige, los principios primeros metafísicos, las nociones primeras predicamentos, todos los cuales en la Filosofía se muestran o se demuestran.
La cumbre, porque la Filosofía completa y une a las ciencias particulares; completa en cuanto que explica, propone aquello que de ninguna forma es explicado por las ciencias particulares, v.g., el derecho penal recibe su necesario complemento, bien de la Psicología, donde se trata acerca de la libertad, bien sobre todo de la Ética, donde se trata acerca de la naturaleza de la obligación y de la coactividad de una ley; une, porque ofrece a las ciencias particulares, v.g., por la finalidad del mundo, por la divina Providencia, alguna concepción armónica sin la cual los distintos conocimientos, v.g., del mundo, de la creación, vendrían a resultar siempre un conglomerado indigesto.
30. Sin embargo, la Filosofía misma, no debe ser tenida como tan independiente de las ciencias, que no pueda recibir mucha ayuda de las experiencias científicas mismas y de las layes estrictamente por las ciencias; pues las naturalezas de las cosas son determinadas las propiedades y modos constantes de obrar de ellas, todo lo cual es propio de las ciencias. De donde las ciencias particulares y la Filosofía, no solo no deben ser entre ellas enemigas o indiferentes, sino que deben procurar fomentar entre sí amistades muy estrechas.
31. De la relación entre la Filosofía y la Teología. Con la historia por testigo, la sola Filosofía, aunque ciencia perfecta de por si, no es suficiente para enseñar a los hombres de modo expedito y sin mezcla de ningún error las realidades morales y religiosas. Por lo cual, la revelación fue moralmente necesaria, no absolutamente necesaria (); y Dios, con su suavísima providencia, reveló al hombre aquellas cosas que, o bien de ninguna manera pueden ser conocidas por el hombre mismo de modo natural, o bien aquellas cosas, que aunque no sean inalcanzables a la razón, sin embargo, no son alcanzadas fácilmente por ésta. Las verdades de esta clase, ordenadas rectamente, constituyen la ciencia teológica sobrenatural. Acerca de la relación entre la Filosofía y la Teología, hablaremos ahora ordenadamente: de su no oposición, de la relativa independencia entre ellas, de la dependencia “secundum quid”, y de su mutua ayuda.
32. Así pues, en primer lugar, no puede darse ninguna verdadera contradicción entre las verdades de ambas ciencias; al haber infundido en el alma humana la luz de la razón el mismo Dios sapientísimo y veraz, el cual revela los misterios e infunde la fe, y como quiera que Dios no puede negarse a sí mismo, ni puede jamás contradecir la verdad a la verdad, es mera cobardía toda apariencia de contradicción; esta contradicción surge principalmente de que, o bien los dogmas de la fe no han sido comprendidos y expuestos según la mente de la Iglesia, o bien de que a las ficciones de distintas hipótesis se las admite como tesis razonables.
Ahora bien, está claro que los misterios estrictos que son propuestos por la fe, pueden estar por encima de la razón natural, no en cambio, en contra de la razón natural; el entendimiento no puede comprender estos misterios, pero puede librarnos con certeza de las dificultades y contradicciones; de donde se concluye con claridad que las contradicciones que son propuestas contra la fe, no son demostraciones, sino argumentos que admiten solución.
33. De la relativa. independencia de la Filosofía respecto a la Teología. La Filosofía no depende de la Teología por su objeto formal, ni por el método y principio de la demostración, como se ve claro por las distintas definiciones de ellas; por lo cual debe ser rechazado el tradicionalismo filosófico. Así pues, aunque la Filosofía pueda tener ciertas verdades comunes con la Teología, v.g., la existencia de dios, las verdades del orden moral, etc, está claro que estas verdades solamente son comunes a la Filosofía y a la Teología en cuanto objeto material; en cambio, otras verdades no son comunes ni siquiera de este modo, v.g., los misterios estrictamente dichos; por consiguiente, no está obligada la Filosofía a demostrar aquellas verdades del mismo modo y con la misma certeza, v.g., piénsese en la famosa cuestión de la eternidad del mundo,. discutida filosóficamente, y en cambio, teológicamente cierta.
34. De la dependencia de la Filosofía respecto a la Teología, como de norma extrínseca y de suyo negativa. En primer lugar, debe darse alguna subordinación, como se da generalmente en todas las ciencias reales, de tal modo que las ciencias inferiores estén subordinadas a las superiores. Ahora bien, la Teología sobresale absolutamente respecto a la Teología, por su infalibilidad, por su objeto y por su fin. Por lo cual fue condenada con razón aquella opinión: “La Filosofía debe ser tratada sin tener en cuenta para nada la revelación sobrenatural”.
De aquí que deba ser rechazada la absoluta “libertad de pensamiento” de los modernos.
35. De donde la filosofía debe atender a la doctrina de la fe de tal modo que ella no enseñe nada que contradiga a la fe; pues es “per se” la Teología norma negativa, no positiva. Decimos “per se”, pues “per accidens”, puede ser también en alguna manera norma positiva, pues en el objeto material común, piensa, v.g., acerca de la noción de persona, de la esencia de la cantidad, de las cuales tratan la Filosofía y la Teología. La Filosofía propone algunas cuestiones que no propondría si no fuera porque la revelación nos habla de ellas, y además se da la obligación positiva de adhesión a las verdades reveladas, después de la justificación filosófica delante de los preámbulos de la fe. Así habla León XIII en la Encíclica Aeterni Patris: “puesto que nos consta que aquellas cosas que conocemos por la revelación gozan de una verdad cierta, y que aquellas cosas que son contrarias a la fe están en contra igualmente de la recta razón, el filósofo católico conocerá que él ha ido en contra de los derechos de la fe, al mismo tiempo que de los derechos de la verdad, si abraza alguna conclusión que ha conocido que rechaza la doctrina revelada”.
36. De aquí podremos fácilmente comprender el sentido de aquella expresión: “sierva de la Teología”, la cual expresión se atribuye a la Filosofía ya por los Padres griegos. Pues no significa una servidumbre de temor y una servidumbre irracional, sino por el contrario, una servidumbre totalmente racional, a saber, una ayuda segura que la Filosofía y la Teología deben ofrecerse mutuamente “al demostrar la recta razón los fundamentos de la fe, y al cultivar iluminada con su luz la ciencia de las realidades divinas, y por otra parte, al librar y proteger de los errores de la fe a la razón al instruirla con múltiples conocimientos. Por lo cual, dista tanto el que la Iglesia se ponga en contra del cultivo de las artes y disciplinas humanas, que fomenta y promueve este cultivo de muchas maneras”.
Ahora bien, la lamentable historia de aquellos que se apartan de la doctrina de la fe, confirma enormemente esto. Pues casi no hay verdad fundamental que no sea, negada por estos heterodoxos, de tal modo, que los filósofos modernos mismos confiesan esta desgraciada condición-de su filosofía. ‘Pues en la misma filosofía moderna no hay sino una plena anarquía (Paulsen), una disensión enorme (Eucken), una extensa confusión (Windelband), un caos confusión (Heinemann).
La intranquilidad de esta lucha y de esta oscuridad, perturba ahora las mentes de muchos, y se vuelven a uno y otro lado, movidos por esa intranquilidad existencialista, y buscan la luz que nunca podrá hallarse “fuera de la luz verdadera que ilumina a todo hombre que llega a este mundo”.

De la importancia y utilidad de la Filosofía
37. Muchos pseudocientíficos atacan de muy diversas maneras la utilidad de la Filosofía, según parece por la tendencia irracionalistica hoy muy frecuente en la “filosofía vitalista” y en la “filosofía existencialista”. Según estas tendencias, debemos interpretar el mundo de unmodo irraciona1, a base de un cierto sentido, sentimiento y disposiciones de ánimo; no en cambio, con un conocimiento intelectual. La realidad se alcanza con tales experiencias y se expresa mediante un juicio meramente simbólico.
Del mismo modo, los partidarios de la “teología dialéctica”, rebajando demasiado la naturaleza humana después del pecado original, rebajan la Filosofía misma, y sobrevaloran el valor negativo de ésta, lleno de propia insuficiencia y de desesperación más que el valor positivo de la Filosofía.
Aquí pueden citarse los neokantianos, los cuales, como rechazan la metafísica, intentan reducir la Filosofía a una teoría del conocimiento; y los defensores de la “metafísica inductiva”, los cuales intentan reducir la Filosofía a una cierta concepción del mundo y a una unidad de valor hipotético.
Sin embargo, por lo dicho hasta ahora acerca de la naturaleza y la relación de la Filosofía con las otras ciencias, está suficientemente clara su utilidad e importancia, la cual expondremos ahora en breves palabras.
38. En el orden meramente especulativo, y atendida la naturaleza del hombre, al instante se ve la gran importancia de la ciencia filosófica. Pues ordena y cultiva la parte más noble del hombre., a saber, la razón, por la cual el hombre supera a las otras criaturas de este mundo; y ciertamente, por el conocimiento universalísimo del ente y sus últimas causas. De donde en el orden científico, reduce a unidad las cosas de este mundo y ofrece a todas las ciencias naturales sus principios fundamentales y aclara a todas. Con razón, pues, Santo Tomás dijo: “De donde esta es la última perfección, a la cual el alma puede llegar según los filósofos, a que en ella se grabe todo el orden del universo y de sus causas”.
Por este motivo, la Filosofía responde extraordinariamente en el orden natural, a aquella nobilísima tendencia humana, que no se satura sino con los últimos fundamentos y razones adecuadamente ordenados.
39. En un orden más práctico, la ciencia no se da por causa de sí misma, sino-por causa del hombre; sin embargo, el valor práctico no debe ordenarse a las cosas meramente materiales, y de este modo también se ve clara la enorme utilidad de la Filosofía en cuanto celadora de las verdades religiosas, morales, sociales y metafísicas, por las que se rigen los individuos, las familias y las sociedades, y alcanzan su felicidad, su seguridad y rectitud. De este nodo, la Filosofía, que aclara y tutela tales verdades, con razón es llamada “maestra de la vida”.
40. La Filosofía es guardiana del orden religioso. Y en primer lugar, de la religión natural, en cuanto que la ciencia misma, cuanto mayor es, más fácilmente conduce a Dios, según la conocida expresión: “Una ciencia superficial aparta de Dios; en cambio, una ciencia profunda conduce a El”. “Los débiles sorbos en la Filosofía tal vez muevan al ateísmo, pero los tragos más exhaustivos, conducen a la religión”. Pues demuestra la existencia de Dios con todos sus atributos, en los cuales se fundamentan todos los deberes y derechos de la religión, y al mismo tiempo muestra la falsedad de toas la opiniones ateas, que fueron la causa en el mundo de tantos y tan grandes males.
Además, establece los fundamentos de la religión revelada, según queda indicado ya muchas veces.
41. Por el mismo motivo, la Filosofía es guardiana de la moralidad, en cuanto que no solamente muestra y protege los preceptos morales, sino que también propone y demuestra todo el fundamento del orden moral entero: a saber, la voluntad misma de Dios, en contra de todas las falsas opiniones que defienden una moral autónoma o independiente, cono todas sus peligrosas secuelas.
42. Del mismo modo, es custodia del orden social, tanto familiar, cuando establece los derechos y deberes del matrimonio indisoluble, los deberes de los padres y de los hijos, como civil, cuando propone el fundamento de la sociedad civil en la obediencia y debida sujección. Finalmente, al mantener los derechos dentro de los debidos limites de la propiedad, protege a la sociedad misma contra los perniciosísimos errores modernos del liberalismo y del comunismo.
43. Por último, la recta dirección misma de todas las ciencias depende enormemente de la Filosofía; según se planteen los principios y fundamentos filosóficos, así después se ha de proceder en las ciencias mismas. Pensemos, v.g., en la evolución materialística en la biología, en la relatividad, en el positivismo empirístico, y podremos ver cuantas perversas direcciones se derivan de estas teorías en las ciencias.
Más aún: podemos ver que las -mismas tendencias en el teatro, las comedias, la literatura, en las bellas artes de la pintura, de la escultura, etc., dependen enormemente para todos nosotros del concepto filosófico mismo acerca de la belleza, acerca de la bondad, etc.

44. Los Sumos Pontífices achacan la causa de lose males a la perversa doctrina filosófica. Así, León XIII, dice: La causa de los males “consiste en que se han deslizado subrepticiamente en todos los órdenes del estado perversas teorías filosóficas acerca de lo divino y de lo- humano, que han partido hace tiempo de las escuelas de los filósofos y han sido, aceptadas por el favor común de muchos… Por el contrario, si el pensamiento de los hombres fuere sano, y se apoya firmemente en sólidos y verdaderos principios, entonces producirá enormes beneficios para el bienestar público y particular”; y aunque el Romano Pontífice afirma que la Filosofía es impotente para rechazar absolutamente todos los errores, agrega: “Pero tampoco deben ser menospreciados o minusvalorados los socorros naturales, que, por bondad de la Sabiduría Divina, que dispone todas las cosas fuerte y suavemente, están al servicio del género humano; entre estos servicios, conta que el uso recto de la Filosofía es el primero… Así pues, exige el orden de la Divina Providencia misma que al tratar de ganar de nuevo a los pueblos para la fe y la salvación, se busque ayuda también en la ciencia humana; monumentos de la antigüedad atestiguan que este esfuerzo, laudable y sabio, se acostumbró a poner en práctica por preclarísimos Padres de la Iglesia”. No tiene nada de extraño entonces el que los Romanos Pontífices deseen con todas sus fuerzas la restauración misma de la “filosofía perenne”, puesto que esta filosofía es la única que nos puede proteger contra tantos errores modernos, y la que puede tender un camino para la vida y la fe sobrenatural.
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