Comentário de Santo Tomás de Aquino à carta de São Paulo aos Romanos (Rm 11,25-32)

Comentário de Santo Tomás de Aquino à carta de São Paulo aos Romanos (Rm 11,25-32)

*Texto em Espanhol retirado do Software Bíblia Clerus.

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Lección 4: Romanos 11,25-32

Se presenta el hecho del juicio divino, esto es, la conversión de los Judíos al final de los tiempos, cuando haya entrado la plenitud de las Gentes, y a la vez se muestra cómo sin arrepentimiento de Dios son los dones y la vocación.

25. No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio -para que no seáis sabios a vuestros ojos-: el endurecimiento ha venido sobre una parte de Israel hasta que la plenitud de los Gentiles haya entrado;
26. Y de esta manera todo Israel será salvo, según está escrito: “De Sión vendrá el Libertador; El que quitará y apartará de Jacob las iniquidades;
27. Y esta será mi alianza con ellos, cuando Yo quitare sus pecados”.
28. Respecto del Evangelio, ellos son enemigos para vuestro bien; mas según la elección, son amados a causa de los padres.
29. Porque son irrevocables los dones y la vocación de Dios. 30. De la misma manera que vosotros en un tiempo no creíais en Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia, a causa dé la incredulidad de ellos,
31. Así también ellos ahora no han creído para (usar) con vosotros de misericordia, y a su vez ellos mismos alcancen misericordia.

32. Porque a todos los ha aprisionado Dios dentro de la incredulidad, para usar con todos de misericordia.

Habiendo iniciado el Apóstol a los Gentiles en el conocimiento de los juicios divinos, en los que se manifiesta la bondad y la severidad divinas, aquí, como si considerara que aún no les era suficiente lo antes dicho, explica lo que sobre estas cosas sabe él. Y primero enuncia el hecho; luego, lo prueba: Como está escrito, etc.; tercero, indica la razón de ello: De la misma manera, etc. Acerca de lo primero hace tres cosas. Primero indica su finalidad, diciendo: por eso os inicié en la consideración de la bondad y de la severidad de Dios. No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, porque no todos los misterios podéis captar. Y este es de los perfectos, a quienes dice el Señor (Lc 8,10): A vosotros ha sido dado conocer los misterios del reino de Dios. No os ocultaré a vosotros los misterios de Dios (Sab 6,24). Y la ignorancia de este misterio nos sería perjudicial. Mas si alguno lo ignora, él será ignorado (ICo 14,38).

Segundo, indica la razón de su propósito: para que no seáis sabios a vuestros ojos, esto es, que no presumáis de vuestra inteligencia y que condenando a los demás por vuestro parecer, os prefiráis a ellos. No seáis sabios a vuestros olos (Rm 12,16). ¡Ay de vosotros los que os tenéis por sabios a vuestros ojos, y por prudentes allí en vuestro interior (Is 5,21). Tercero, indica lo que desea. Primero en cuanto a la particular caída de los Judíos, diciendo: El endurecimiento ha venido sobre Israel, no umversalmente, sino de una parte, como arriba quedó manifiesto. Embota el corazón de ese pueblo (Is 6,10). Segundo, indica el término de tal ceguera, diciendo: hasta que haya entrado a la fe la plenitud de los Gentiles, esto es, no solamente algunos en especial de los Gentiles, como entonces se convertían, sino que o bien totalmente, o bien que en su mayor parte en todas las naciones se establezca la 1glesia. Del Señor es la tierra y cuanto ella contiene (Ps 23,1).

Segundo, indica la razón de su propósito: para que no seáis sabios a vuestros ojos, esto es, que no presumáis de vuestra inteligencia y que condenando a los demás por vuestro parecer, os prefiráis a ellos. No seáis sabios a vuestros olos (Rm 12,16). ¡Ay de vosotros los que os tenéis por sabios a vuestros ojos, y por prudentes allí en vuestro interior (Is 5,21). Tercero, indica lo que desea. Primero en cuanto a la particular caída de los Judíos, diciendo: El endurecimiento ha venido sobre Israel, no umversalmente, sino de una parte, como arriba quedó manifiesto. Embota el corazón de ese pueblo (Is 6,10). Segundo, indica el término de tal ceguera, diciendo: hasta que haya entrado a la fe la plenitud de los Gentiles, esto es, no solamente algunos en especial de los Gentiles, como entonces se convertían, sino que o bien totalmente, o bien que en su mayor parte en todas las naciones se establezca la 1glesia. Del Señor es la tierra y cuanto ella contiene (Ps 23,1).

Ahora bien, se dice que. los Gentiles entran convertidos a la fe de modo que de las cosas exteriores y visibles que veneraban se conviertan a las espirituales y a la voluntad divina. Venid llenos de alborozo a presentaros ante su acatamiento (Ps 99,2). Y es de notarse que el adverbio doñee -hasta que- puede designar la causa de la obcecación de los Judíos. Porque Dios la permitió para que entrara la plenitud de los Gentiles, como es manifiesto por lo arriba dicho. Puede también designar el término, porque es claro que la obcecación de los Judíos durará hasta que la plenitud de los Gentiles haya entrado a la fe. Y con esto concuerda lo que abajo agrega acerca del futuro remedio de los Judíos, al decir y de esta manera, cuando la plenitud de los Gentiles haya entrado, todo Israel será salvo, no en lo particular como otras veces, sino universalmente todos. Y los salvaré por medio del Señor su Dios (Oseas 1,7). Se volverá hacia nosotros, y nos tendrá compasión (Miqueas 7,19).

En seguida, cuando dice: Según está escrito, etc., prueba lo que dijera sobre la futura salvación de los Judíos. Y primero lo prueba por autoridad; luego mediante una razón: Respecto del Evangelio, etc. Así es que primero dice: Digo que todo Israel será salvo, como está escrito en Is 56, donde nuestro texto dice así: De Sión vendrá el Redentor, y con los que se vuelven a Jacob, con ellos haré esta mi alianza, dice el Señor. Pero el Apóstol a esto nos lleva, conforme al texto de los Setenta, y toca tres asuntos puestos aquí. Primero la venida del Salvador cuando dice: Vendrá Dios, es claro que humanado para salvarnos, de Sión, o sea, del pueblo de los Judíos, lo cual significa por la palabra Sión, que era la ciudadela de Jerusalén, la cual es la metrópoli de Judea. De aquí que se dice en Zacarías 9,9: ¡Oh hija de Sión!, regocíjate en gran manera, salta de júbilo, ¡oh hija de Jerusalén!: he aquí que a ti vendrá tu rey, etc. Y en Jn 4,22 leemos: La salvación viene de los Judíos. O bien dice que de Sión viene no porque allí naciera, sino porque de allí salió su doctrina para el universo mundo por haber recibido los Apóstoles el Espíritu Santo en Sión, en el cenáculo. De Sión saldrá la Ley (Is 2,3).

Lo segundo que indica es que por Cristo se les concede la salvación a los Judíos, diciendo: El que quitará y apartará de Jacob las iniquidades. Y el que quitará puédese referir a la liberación de la pena. Libraste de la muerte mi alma (Ps 55,13). Y estas palabras: Apartará de Jacob las iniquidades se pueden referir a la liberación de la culpa. Dios pondrá fin al cautiverio de su pueblo (Ps 52,7). O bien una y otra cosa se refieren a la liberación de la culpa; pero dice El que quitará, por algunos pocos, que ahora dificultosamente y como con cierta violencia se convierten. Como si un pastor salvase de la boca del león (solamente) las dos patas y la ternilla de una oreja, así se librarán aquellos hijos de Israel (Amos 3,12). Y dice Apartará de Jacob las iniquidades para mostrar la facilidad de la conversión de los Judíos al fin del mundo. ¿Quién es, oh Dios, semejante a Ti, que perdonas la maldad y olvidas el pecado de los restos de la herencia tuya? (Miqueas 7,18).

En seguida, cuando dice: Respecto de mi Evangelio, etc., prueba lo que desea mediante un argumento. Y primero presenta la prueba; luego, rechaza la objeción. Porque son irrevocables, etc. Así es que primero dice que los pecados de ellos se les quitarán, y el hecho de que después tengan pecados demuestra que son enemigos de Cristo. Respecto del Evangelio, ellos son enemigos, esto es, en cuanto pertenece a la doctrina del Evangelio, la cual impugnan, para vuestro bien, o sea, que redunda en utilidad vuestra, como se dijo arriba. De aquí que se dice en Lucas 19,27: En cuanto a mis enemigos, los que no hayan querido que Yo reine sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia. Y en Jn 15,24, leemos: Ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre. O bien respecto del Evangelio quiere decir que el odio de ellos es para bien del Evangelio, cuya predicación se difunde por todas partes con ocasión de tal odio. Por la palabra de la verdad del Evangelio, que ha llegado hasta vosotros, y que también en todo el mundo está fructificando y creciendo (Colos 1,5-6). Pero son amados por Dios a causa de los padres, y esto según la elección, porque a causa de los padres eligió a su descendencia. Por cuanto amó a tus padres, y eligió para sí su descendencia después de ellos (Deut 4,37). Lo cual no se debe entender como si los méritos participados a los padres fueran la causa de la eterna elección de los hijos; sino que ab aeterno Dios eligió gratuitamente tanto a los padres como a los hijos, aunque dentro del orden de que los hijos consiguieran por los padres la salud, no como si los méritos dé los padres bastaran para la salvación de los hijos, sino que lo dice por cierta abundancia de la divina gracia y misericordia, la cual de tan gran manera se les ha manifestado a los padres, que por las promesas a ellos hechas, también los hijos se salvarán. O bien se debe entender según la elección, esto es, en cuanto a los elegidos de entre aquel pueblo, como arriba está dicho, se obtiene la elección. Mas si son amados por Dios, razonable es que sean salvados por Dios, según aquello de Is 64,4: Ningún o¡o ha visto sino sólo tú, oh Dios, las cosas que tienes preparadas para los que te están aguardando.

En seguida, cuando dice: Porque son irrevocables los dones, etc., excluye la objeción. Porque podría alguien objetar diciendo que los Judíos, aun cuando antiguamente fueran amadísimos en atención a los padres, sin embargo la enemistad que cultivan contra el Evangelio les impide en lo futuro la salvación; pero el Apóstol asegura que esto es falso, diciendo: Porque son irrevocables los dones y la vocación de Dios, como si dijera: que Dios dé algo a algunos, o bien que llame a algunos, es sin arrepentimiento, sin revocación, porque de esto no se arrepiente Dios, según 1 Reyes 15,29: Y aquel a quien se debe el tributo en Israel no se arrepentirá, porque no es El un hombre para que tenga que arrepentirse. Y en el Salmo 109,4, leemos: Juró el Señor, y no se arrepentirá.

Objeción.-Pero parece ser esto falso. Porque dice el Señor (Gen 6,7): Me pesa de haber creado al hombre. Y también (Jerem 18,9-10): Hablo de fundar y establecer una nación y un reino; pero si éste obrare mal ante mis ojos, de suerte que no atienda a mi voz,

Yo me arrepentiré del bien que dije que le haría. Aunque débese decir que si se dice que Dios se irrita no es porque en El haya la perturbación de la ira, sino que a la manera del irritado está en cuanto al efecto del castigo, y así a veces se dice que se arrepiente, no como si en El se dé la perturbación del arrepentimiento, sino que a la manera del que se arrepiente se encuentra al cambiar lo que hiciera; pero todavía así se ve que dones y vocación no se dan sin arrepentimiento, porque los dones divinamente concedidos frecuentemente se suprimen, según aquello de Mateo 25,28: Quitadle, por tanto, el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque también la vocación de Dios a veces se dice que cambia, puesto que está escrito (Mt 22,14; 20,16): Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos.

Respuesta.-Pero débese decir que el don se entiende aquí en cuanto es una promesa, que se realiza según la presciencia o la predestinación de Dios. Y vocación se toma aquí por elección, porque en virtud de la certeza de una y otra cosa lo que Dios promete lo da ya de cierta manera: así, a quienes elige los llama ya de cierta manera. Y sin embargo el mismo don temporal de Dios y la vocación temporal no se vuelven írritos por un cambio de Dios como si se arrepintiera, sino por el cambio del hombre que rechaza la gracia de Dios, según la Epístola a los Hebreos (12,15): Atended a que ninguno quede privado de la gracia de Dios. Esto que aquí se dice se puede entender también de otra manera, para que digamos que los dones de Dios que se dan en el bautismo y la vocación con la que el bautizado es llamado a la gracia existen sin penitencia del bautizando, lo cual aquí da a entender que nadie desespere de la futura salvación de los Judíos por no verse que se arrepientan de su pecado.

Pero contra esto que se dice está lo que dice Pedro (Ac 2,38): Arrepentios y bautizaos cada uno de vosotros.

Pero débese decir que el arrepentimiento es doble, interior y exterior. El interior consiste en la contrición del corazón, porque se duele uno de los pecados pasados, y tal arrepentimiento se requiere en el bautizando, porque, como dice Agustín (en el libro De poenitentía), nadie constituido arbitro de su propia voluntad puede incoar una vida nueva sino arrepintiéndose de la antigua vida, pues de otra manera con fingimiento se acerca al bautismo. Y el arrepentimiento exterior consiste en la satisfacción externa, la cual no se requiere del bautizando porque por la gracia bautismal se libera el hombre no sólo de culpa sino también de toda .pena por virtud de la pasión de Cristo, gue satisfizo por los pecados de todos, como arriba (Rm 6,3) está dicho: Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, en su muerte fuimos bautizados. De aquí que se dice en Tito 3,5: El nos salvó por medio del lavacro de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, que El derramó sobre nosotros abundantemente.

Pero como las llaves de la 1glesia o sea el bautismo y todos los demás sacramentos obran en virtud de la pasión de Cristo, parece que por igualdad de razón todos los demás sacramentos liberan al hombre de la culpa y de toda la pena.

Pero débese decir que la pasión de Cristo obra en el bautismo a modo de cierta generación, que requiere que el hombre muera totalmente a la primera vida con el fin de que reciba la nueva vida. Y por esto se quita en el bautismo todo el reato de la pena, que pertenece a la vetustez de la primera vida. Y en los otros sacramentos obra la virtud de la pasión de Cristo a modo de curación, como en la penitencia. Y la curación no requiere que instantáneamente se quiten todas las reliquias de la enfermedad. Y la misma razón se aplica a los demás sacramentos. Pero como la confesión de los pecados pertenece a la penitencia exterior, se puede preguntar si se requiere en el bautizando la confesión de los pecados, y parece que así es. Porque se dice en Mateo 3,6 que confesando sus pecados eran bautizados los hombres por Juan. Pero débese decir que el bautismo de Juan era un bautismo de penitencia, porque recibiendo aquel bautismo de cierta manera declaraban públicamente aceptar la penitencia por sus pecados; y por eso era conveniente que se confesaran, para que según la naturaleza del pecado se les impusiera la penitencia; pero, en cambio, el bautismo de Cristo es un bautismo de remisión de todos los pecados, de modo que no le falta al bautizado ninguna satisfacción por los pecados pasados, por lo cual no hay para él ninguna necesidad de la confesión de viva voz. Porque la confesión es necesaria en el sacramento de la penitencia para que el sacerdote convenientemente desligue o ligue al penitente en virtud de la potestad de las llaves.

En seguida, cuando dice: De la misma manera que vosotros en un tiempo, etc., indica la razón de la futura salvación de los Judíos después de su incredulidad, Y primero pone la semejanza de la salvación de uno y otro pueblo; luego, muestra la causa de tal semejanza: Porque a todos los ha aprisionado Dios, etc. Así es que primero dice: Digo que todo Israel será salvo, aun cuando ahora sean enemigos. De la misma manera que vosotros, Gentiles, en un tiempo no creísteis en Dios; (Estabais en aquel tiempo sin Dios en este mundo: Ef 2,12), mas ahora habéis alcanzado misericordia (Que a su vez los Gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia: Rm 15,9. Apiadarme he de aquella que estuvo sin misericordia: Oseas 2,23). Y esto a causa de la incredulidad de ellos, la cual fue la ocasión de vuestra salvación, como arriba está dicho. Así también ellos, o sea, los Judíos, ahora, en el tiempo de la gracia, no han creído en Cristo. ¿Por qué no me creéis? (Jn 8,46). Y esto lo agrega así: Para (usar) con vosotros de misericordia, esto es, con la gracia de Cristo, por la cual obtenéis la misericordia. El nos salvó según su misericordia (Tito 3,5). O bien no han creído, para que por esto llegaran a obtener vuestra misericordia. O bien no han creído que por lo pronto ha sido suspendida vuestra misericordia para que también ellos mismos la consigan un día. El Señor tendrá compasión de Jacob (Is 14,1).

En seguida, cuando dice: Porque a todos los ha aprisionado, etc., da la razón de tal semejanza, porque Dios quiso que su misericordia tuviese lugar en todos. Y esto lo dice así: Porque los ha aprisionado Dios, esto es, permitió que fueran aprisionados todos, o sea, toda ciase de hombres, tanto Judíos como Gentiles, dentro de la incredulidad como con una cadena del error (Porque todos quedaban aprisionados con una misma cadena de tinieblas: Sab 17,17), para usar con todos de misericordia, esto es, para que su misericordia se ejerza en toda clase de hombres (Tú tienes misericordia de todos, Señor: Sab 1 1,24): lo cual no hay por qué hacerlo extensivo a los demonios conforme al error de Orígenes, ni tampoco en cuanto a todos los hombres individualmente, sino a toda clase de hombres. Porque aquí se trata de las clases a que los individuos pertenecen, no de los individuos de las diversas clases. Por lo cual Dios quiere que todos por su misericordia se salven, para que por esto mismo se humillen, y no se atribuyan a sí mismos su salvación sino a sólo Dios. Tu perdición ¡oh Israel! viene de ti mismo, y sólo de Mí tu socorro (Oseas 13,9). Que toda boca enmudezca y el mundo entero se reconozca reo ante Dios (Rm 3,19).

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